El señor Gallardón se ha decidido, en solitario, a acabar con la precariedad laboral en Madrid., prohibiendo el reparto de publicidad en la calle y los hombres-anuncio Sí, señor. Ya era hora de que alguien se preocupase de la calidad de vida y la salud en el trabajo. Menos mal que, aunque no lo hagan los sindicatos, está usted aquí para librarnos de tanto mal.
Imagino yo que ahora, después de los hombres-anuncio y los repartidores de publicidad, vendrán muchos más:
- Aquellos que trabajan sin contrato.
- Los que cobran, por imposición, la mayor parte de su sueldo en "B".
- Los "currelas" que aguantan calor en verano y frío en invierno.
- Los teleoperadores que no pueden levantarse de su silla ni para ir al baño.
- Los dependientes del Carrefour, que hasta los fines de semana tienen que trabajar a horas intempestivas.
- Los que día a día sufren acoso en el trabajo.
- Los maestros, presionados por sus alumnos.
- Etc.
- Etc.
- Etc.
Una vez cumplidos los objetivos de esta cruzada contra los trabajos indignos, abusivos y denigrantes... ¿será suficiente con los sueldos de los ministros, concejales, directores generales y pilotos de aviación para pagarnos a todos el paro?

